miércoles, 15 de mayo de 2013

XXIII.

Te señalo
un punto
   entre las costillas
y te miro desafiante.

Venga, clávate,
pero
   al romperte
no dejes tus esquirlas
en mis venas.

Va,
si lo estás deseando.

Te deseo.
Te temo.

Qué miedo me das.

Y,
   entonces,
me das un poco
de tu media sonrisa;
un cuarto.
En un cuarto.

Suspiro.

Sabe a
tú primero,
   si te atreves,
que yo me dejo;
pero no me dejes caer.

Y mis manos temblando.

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